Se acabó el viaje. Bueno, el viaje tal y como estaba programado, porque creo que seguirá por lo menos uno o dos días más. Irene es la culpable.
Lo que parece seguro es que mañana domingo despegaré de San José, Dios mediante, y aterrizaré en Houston. Paradójicamente es en Houston donde empezarán mis problemas, como si fuera un astronauta.
Mi vuelo desde esa ciudad a Nueva York se ha cancelado. Parece lógico, cuando se avecina a la gran manzana un huracán del tamaño de Europa y cuando están evacuando la ciudad como sólo había ocurrido en películas de ficción como Godzilla. Así pues, pierdo la conexión a Madrid. ¿Cuándo volaré?, lo ignoro. ¿Me facilitarán otro vuelo o un alojamiento hasta que sea seguro lanzarse al aire?, ni idea. ¿Acabaré siendo un homeless en Texas, vagando como un chalado, perdido en el mundo y hablando de un huracán demoniáco del que ya nadie se acuerde?, quién sabe.
Ahora mismo no tengo respuestas para esas preguntas, la verdad. Por si acaso llevo en mi mochila de mano un kit de supervivencia en aeropuertos, a saber: saco de dormir, muda para un día, sudadera con capucha, libro, linterna y cepillo de dientes. Y ver venir, oigan, mundo sencillo, no agobiarse. Después de la tormenta suele venir la calma. Solo espero que ésta venga a tiempo para llegar el día 1 de septiembre al cole. Aunque suene a broma, me apetece horrores trabajar.
Bueno lo importante es hacer un balance breve de este mes y pico de vagabundeo, exploración y pura vida. He conocido tres países nuevos para mí (cuatro, si contamos gringolandia y mi visita relámpago a Nueva York).
El Poas el último día, el Irazú el primero, en Costa Rica ha sido un no parar. Ascendí con mi amigo Carlos hasta la cumbre del Chirripó por un camino infernal que recrearé orgulloso desde la calidez de mis sábanas, observé a las tortugas en su paritorio caribeño... Pero lo que más recordaré será el salvaje parque de Corcovado, -aquel cielo e infierno en uno-, y esa pequeña muesca entre la selva y el mar llamada Puerto Jiménez que tan bien me trató....
Panamá, un estrecho país -geográficamente hablando- partido por el emblemático canal, que además de asegurar una sempiterna fuente de ingresos, permitió una cierta gringarización -si no de la sociedad- sí de la economía. Nunca olvidaré los días que pasé en Kunayala, conviviendo con gentes sencillas que me acogieron como a uno más, me cedieron una de sus hamacas, y me llevaron a pescar en las cristalinas aguas del Caribe. Tampoco olvidaré fácilmente la isla de Coiba, ni mi encuentro con los escualos, ni a las ballenas jorobadas resoplando en el horizonte.
Y Nicaragua, en fin, hablé hace poco de mi experiencia en ese país, del que saboreé apenas su esencia para saber que algún día debo regresar para conocerlo a fondo. Y una vez allí subiré hacia el Norte, que aún me quedan más países.
A todos mis compañeros y compañeras de viaje, fugaces pero intensas amistades en esta aventura, os mando un abrazo. Ya sabéis dónde estoy.
En fin, con el huracán Irene bramando amenazante en mi destino, llega a su final un viaje en el que nada estuvo programado, previsto o fijado a más de uno o dos días vista. Es esta una forma de explorar (más que de viajar) con la que se disfruta a cada segundo, sin prisas, sin calendario, sin agobios, y sin la angustia de dejar de visitar las recomendaciones de la guía. ¡Qué libertad no tener que ir tachando de una lista "lo imprescindible" de cada país! Se encuentran así lugares y personas que muy pocos más conocen, pero que hacen disfrutar al viajero lo que no está escrito, nunca mejor dicho.
Ha sido un viaje que recomendaría a cualquiera de mis seres más queridos. Soy consciente de que no todo el mundo tiene la oportunidad, así que he disfrutado de mi privilegio intentando hacerme digno de él, dando gracias y acordándome cada día de los que me esperaban en casa, de mis amigos, mi familia.
| Pocos seres tienen la capacidad de ser graciosos cuando han muerto. Este pez globo es la excepción, ¿que no? |
Por cierto, visitando este continente y pensando en lo que me queda por visitar, no puedo menos que destacar la inmensa felicidad me produce hablar una lengua tan maravillosa y universal como es el español. Gracias Colón, nacieses donde nacieses, por abrirle a esta lengua la puerta de medio mundo. Qué suerte tenemos.
Pues me despido ya, Centroamérica. Justo es, a mi juicio, que después de haberme dejado disfrutar de tus bosques, de tus criaturas, de tus playas y tus olas, después de haberme abrumado con la belleza de tu naturaleza, como debiste abrumar a mis antepasados cuando llegaron aquí buscando un nuevo mundo, la misma naturaleza se cobre un peaje. Espero que no sea muy largo ni catastrófico, Irene.
Un abrazo muy fuerte a todos.
Nos vemos.

Excelente blog Mikel, ahí me puse a hojearlo. Acabó de ver en las noticias que Newark aún no lo abren hasta mañana, así que espero que te traten bien en Houston esta noche. Igual si todo esta muy colapsado y no encuentras sitio donde tirarte un rato a dormir, siempre esta el monoriel que comunica las 4 terminales principales del aeropuerto y que corre ininterrumpidamente. Ese vaiven de metro siempre es muy arrullador. Suerte.
ResponderEliminar